29
Mar

El boom del QR se hace pesado

Código QR o Código de “quick response” de rápida respuesta. Esto es lo que es ese cuadrado repleto de cuadradillos, generalmente blancos y negros, aunque pueden tener el color y la forma interna que se quiera, que empieza a ser demasiado intrusivo. El boom de los QR hace que los encontramos por todas partes; en marquesinas, anuncios de revistas e incluso hasta en la red. Una moda extendida de un producto de código abierto que tiene, ni más ni menos que 20 año de historia. El QR, un código bidimensional, fue creado en 1994 por una empresa subsidiaria de Toyota para registrar repuestos en la fábrica de coches. Dicha empresa japonesa creó este elemento para que su contenido fuera leído a alta velocidad.

El tiempo ha pasado, pero las funciones y los objetivos no han variado. Tras dos décadas, el objetivo sigue siendo el mismo inicial: permitir el acceso rápido a ciertos contenidos. La proliferación de los smartphones han hecho que éstos se hayan vuelto a poner de moda, escondiendo entre sus colecciones de píxeles distintas landingpages. Se trata de un elemento que se usa en diferentes ámbitos, especialmente en el publicitario,  que muchos hacen de él un uso desmedido. Si bien el QR necesita de un móvil, por aquello de la cámara con la que captarlo, no es extraño encontrar en webs/web-mobile este elemento huérfano de sentido. Primero, porque siempre será más sencillo recurrir a un simple hipervínculo de texto o de imagen. Y en segundo lugar, porque hasta la fecha son pocos los que salen a la calle con dos móviles.

Donde sí tiene sentido utilizar el QR cómo vehículo conductor es en aquellos elementos offline que nos conducen a lo online. Extraño es hoy no ver este código en las tarjetas de visita o en las marquesinas con la intención de dirigir tráfico a las webs del producto o marca anunciada. Es una opción más de poner en bandeja al usuario miles y miles de páginas de aterrizaje. Miles de potenciales capturas que generan un tráfico cuantitativo, pero poco cualitativo. Un tráfico poco segmentado que se deja llevar por un  fácil acceso a una determinada web, evitando tener que teclear la url  en la barra del navegador.  No obstante, y a pesar de la proliferación de estos elementos, tampoco se ve a mucha gente por la calle a la caza de estos códigos. ¿Será porque habrá que ofrecerle al usuario potencial otro aliciente distinto al de un simple link de acceso? ¿Se precisa que entren en juego mayores dosis de creatividad? Sea como fuere, unos porque está de moda y otros porque realmente defienden una estrategia, el QR está presente en nuestra sociedad, y en muchos casos me atrevería a decir que hasta algo forzada.

Mayor tráfico de calidad encontramos en los usos del QR en los e-commerce. Hace poco hicimos un pretencioso proyecto que permitía comprar a través de códigos QR. Lo que hace años ya puso en marcha la cadena de supermercados Tesco en el metro de Corea, parece ser bastante reticente en los pequeños núcleos urbanos a pesar del alto impacto publicitario que pueda tener, remarcando el valor de marca. Cada vez somos más los que compramos por internet. Poco a poco va quedando a un lado –en ciertos productos– aquello que para comprar hay que palparlo primero. La poca tradición española de la compra por catálogo es una barrera de entrada para el e-commerce, aunque las nuevas generaciones parecen haber superado esta falta de costumbre. El e-commerce va ganando cada día más cuotas de mercado, en parte también por la proliferación de lo mobile, siendo un canal muy relevante para ciertas compañías. En este sentido, el QR ayuda a montar supermercados virtuales, como lo ha hecho la cadena de supermercados Sorli Discau que ha creado el primer supermercado virtual de Europa.

Tal es el boom de los QR que los podemos encontrar hasta en los lugares más inhóspitos. Hace unos días conocimos la noticia de que en el cementerio judío de la ciudad de La Paz se van a implementar QR en las lápidas, con el fin de perpetuar la memoria de las personas fallecidas. Así, los familiares, amigos o simples visitantes, podrán acceder a información del finado a través de contenido digital (fotos, texto o vídeos) con el fin de recodarlo.

El QR está de moda pero en muchos casos habría que racionalizar su uso. No sirve para todo. Está pensado para leer rápidamente –acceder rápidamente– a su contenido, pero muchos parecen no tenerlo demasiado claro, produciendo el efecto contrario. Cuidado con curvarlo demasiado que no se lee.

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